Publicado en:
Barrios, G. y P. Asencio (2003) “La campaña de alfabetización de 1982 en la prensa de la época”. En: Memoria para Armar, III. Montevideo, Ed. Senda. 153-160.
LA CAMPAÑA DE ALFABETIZACIÓN DE 1982 EN LA PRENSA DE LA ÉPOCA
Graciela Barrios y Pilar Asencio
En este artículo se analizan algunos aspectos relacionados con las repercusiones que tuvo, en la prensa escrita, la Campaña Nacional de Alfabetización, que se llevó a cabo en Uruguay en 1982 .
La política lingüística correspondiente al período de dictadura militar en Uruguay refleja, como no podía ser de otra manera, la ideología del momento histórico en que fue implementada: nacionalismo, xenofobia, patriotismo, afirmación de la autoridad y preservación de la moral y las buenas costumbres, tienen su correlato en diversas acciones de planificación lingüística. Además de la campaña de alfabetización que reseñamos en este artículo, se realizó una aguerrida campaña de lucha contra el portugués, y una campaña purista que apuntaba a un uso “correcto” de la lengua española. El discurso que acompañó a estas campañas no ahorró alusiones a la estrecha relación existente entre el buen uso del idioma, los valores de la nación y la moral del individuo.
1. Actividades desarrolladas en el marco de la Campaña Nacional de Alfabetización
La Campaña Nacional de Alfabetización de 1982 fue puesta en marcha por el gobierno militar de la época, con el objetivo de “eliminar el analfabetismo del territorio nacional” (El País, 12/9/1982).
Antes del inicio de cursos, se realizó un entrenamiento a los maestros que participaron en la experiencia, y se distribuyó material didáctico en diferentes centros de estudio. Los cursos se llevaron a cabo entre el 10/5/1982 y el 8/9/1982; en Montevideo hubo más de 12.000 alumnos inscriptos, 10.000 de los cuales culminaron los cursos. De acuerdo a lo planificado, se anunciaba que “las personas que asistan regularmente a los cursos (...) aprenderán a leer, escribir y comprender lo que leen en un período de cuatro meses” (El Día, 10/5/1982).
Con una finalidad claramente propagandística, las autoridades de la época enfatizaron, en distintos eventos internacionales, que el costo de la campaña sería casi nulo:
“El mundo entero, y muy especialmente América Latina y el Caribe, se sorprendieron en los cónclaves educativos de México y Santa Lucía cuando la ministra Lombardo de de Betolaza en la capital azteca y el subsecretario López Estremadouro en la isla caribeña, declararon ante sus pares del continente que la Campaña Nacional de Alfabetización no aparejaría prácticamente costo alguno al Uruguay.
Un silencio sobrecogedor, según informaciones trascendidas de la propia UNESCO, rodeó las palabras de los jerarcas uruguayos. Un sentimiento de estupor y curiosidad llevó a los ministros de Cultura de todo el mundo y a los funcionarios docentes de distintos países a interiorizarse agudamente sobre las realizaciones uruguayas en ese sentido.
La explicación vendría enseguida. Primaria abarca con su infraestructura todo el territorio nacional -no existe paraje donde no se levante una escuela pública-, y además los maestros que ejecutaron la campaña donaron a su pueblo las doscientas mil horas de clase que permitieron que 10.000 nuevos ciudadanos aprendiesen a leer y escribir” (El País, 12/9/1982).
La instrumentación de la campaña estuvo a cargo del Consejo de Educación Primaria, y comprendió diversos puntos del territorio nacional. En Montevideo había 24 Seccionales Educativas y 450 maestros distribuidos en 92 Centros de Alfabetización. En las restantes capitales departamentales se constituyó una Comisión Departamental de Alfabetización (conformada por el jefe de policía, el intendente municipal, el jefe de la unidad militar y un maestro) y varias seccionales; 1.850 maestros se encargaron del dictado de los cursos.
El 8 de setiembre de 1982, coincidiendo con la conmemoración del Día Mundial de la Alfabetización, se realizaron los actos de clausura de cursos de lo que se definió como una primera etapa de la campaña. Estos actos contaron con la presencia de autoridades departamentales, maestros y alumnos. De acuerdo al plan de la campaña, los ex alumnos seguirían recibiendo apoyo a través de los Centros de Adultos, donde recibirían textos y materiales didácticos “para su perfeccionamiento, de modo que no vuelvan a ser analfabetos por desuso” (El Día, 7/8/1982).
2. Alfabetización, estandarización y nacionalismo
La eliminación del analfabetismo constituye un acto de planificación lingüística que responde a una decisión de política lingüística: la de ampliar el acceso a la lengua escrita en la población. El crecimiento del nivel de alfabetización, legitimado mediante un discurso nacionalista, hace posible que la lengua estándar actúe más eficazmente como instrumento unificador de la comunidad.
La profusión de referencias de tono patriótico con que se informó y comentó en la prensa de la época todo lo relativo a la Campaña de Alfabetización, constituye un doble testimonio; por un lado, el tema pasa a ocupar un lugar destacado en la construcción del discurso nacionalista dominante en ese período. Por otro, se confirma el papel que desempeñan los medios de comunicación en la reproducción y afianzamiento de los discursos prevalecientes en la comunidad (en este caso, los de corte estrictamente oficial).
2.1. Los símbolos patrios. El discurso oficial de la época (reproducido por una prensa básicamente oficialista) establece un estrecho vínculo entre alfabetización y distintos referentes de carácter patriótico:
“Asistirán (al acto de clausura de la campaña) con las personas recién alfabetizadas el cuerpo de maestros, se cantará el Himno Nacional, y luego se continuará con la programación” (El País, 7/8/1982).
“Inmediatamente después de la celebración en el Cine Plaza, los noveles alfabetos, familiares y maestros se dirigirán por la Avda. 18 de Julio hacia la Plaza Independencia para depositar una ofrenda floral al pie del Monumento a Artigas. Cada alumno de los Centros de Alfabetización depositará su flor ante el Prócer” (El País, 2/9/1982).
“El Plan Nacional de Alfabetización (...), se inscribe entre las ideas fundamentales con que gobernantes de nuestro país han tratado de atender la superación material y espiritual de nuestro pueblo y él continúa una línea que tiene muy dignos y honrosos orígenes como que la misma entronca con la personalidad de Artigas” (El País, 8/9/1982).
“Sin duda alguna, esa preocupación por superar el nivel cultural del pueblo, nos llega del fondo de la Historia. Entre los designios civilizadores de nuestro Prócer mayor, está aquél que cifra en la coexistencia de la ilustración y la valentía, el ideal del ciudadano oriental” (declaraciones de la Ministra de Educación y Cultura, El País, 8/9/1982).
Se manifiesta, de esta forma, un componente característico de los nacionalismos: su contacto con el pasado de la nación, del que generalmente se pretende extraer una fuerza unificadora orientada al futuro. El nacionalismo busca y cultiva el mantenimiento de ciertas representaciones del pasado, con el objeto de encontrar allí pureza, autenticidad y, particularmente, grandeza. Es esa grandeza, fundada en la autenticidad, la que puede convocar a las masas a realizar nuevos esfuerzos y enfrentar nuevos peligros (Fishman 1989). La mirada hacia el pasado resulta, entonces, en estos casos, una forma estratégica de proyectarse hacia el futuro.
2.2. Índice de alfabetización y orgullo. La actitud de orgullo hacia la lengua estándar (Garvin y Mathiot 1974) se traduce claramente en varias referencias a los altos índices de alfabetización que ostenta el Uruguay de la época:
“La campaña de alfabetización que se está cumpliendo en el Uruguay pone de manifiesto un loable propósito de alcanzar la perfección, poniendo al tope de la escala mundial en la materia, a un país cuyo índice de analfabetismo figura entre los más bajos del orbe” (El País, 2/6/1982).
“no nos alcanza con saber que somos el país con menor índice de analfabetos en América. Simplemente, no queremos analfabetos” (El País, 12/9/1982).
2.3. El tono emotivo. Apelar a un tono emotivo y exaltado es, probablemente, una de las estrategias discursivas más efectivas para lograr que los integrantes de una comunidad se identifiquen con una determinada acción pública, de modo de promover su movilización en torno a la misma (Fishman 1989); esto, a su vez, permite una capitalización política de la acción pública en cuestión.
Ese componente emocional está fuertemente acentuado en los artículos de la prensa de la época, tanto en aquéllos que transcriben el discurso oficial, como en los editoriales y artículos de opinión:
“la empresa cuya instancia inaugural arroja el más halagador de los resultados, constituye un auténtico motivo de orgullo para el gobierno y para la ciudadanía y lo celebramos con la alegría que corresponde” (El País, 9/9/1982).
“(el acto de clausura tiene un) profundo contenido emocional, patriótico y cívico” (El País, 9/9/1982).
“jornada memorable, que tuvo mucho que ver con la espontaneidad de la ceremonia” (El País, 9/9/1982).
“la participación patriótica del Maestro como Alfabetizador en la Campaña Nacional de Alfabetización” (El País, 2/9/1982).
“Contenido emotivo -resaltó (el Intendente Municipal de Durazno)- por el marco de juventud que rodea a estos hombres y mujeres orientales; buenos orientales” (El País, 14/9/1982).
El tono emotivo y exaltado se manifiesta en la elección de ciertas expresiones: resultados halagadores, motivo de orgullo, celebrar con alegría, profundo contenido emocional, patriótico y cívico, jornada memorable, participación patriótica, etc.
3. El alcance nacional de la campaña y la “penetración idiomática” del portugués
El discurso de la prensa en relación con esta Campaña de Alfabetización se ocupa de insistir, asimismo, en el hecho de que la misma tiene un alcance nacional:
“Miles de personas aprendieron a leer y escribir, y hasta un lejano punto del departamento fronterizo llegó sin previo aviso este corresponsal, para hurgar en los centros de alfabetización y en humildes viviendas donde, a través de la radio, llega para pequeños de cinco años los beneficios de la Educación Preescolar a Distancia en el Medio Rural” (El País, 15/8/1982).
Este es otro de los mecanismos a través de los cuales se manifiesta la voluntad de unificación nacional que subyace a este emprendimiento, que se vincula estrechamente con otras acciones de planificación lingüística, especialmente aquéllas emprendidas contra el uso del portugués en territorio uruguayo.
En este sentido, no puede sorprender que, en el mismo período en que se está desarrollando la campaña de alfabetización, las autoridades del gobierno de facto recorran el país anunciando los “buenos resultados de la lucha contra la penetración idiomática”. En un artículo de El País titulado: “Buenos resultados de la lucha contra penetración idiomática”, podemos leer:
“Dijo el Gral. Medina que ‘son muy fructíferas las visitas gubernamentales al Interior de la República (...). En Bernabé Rivera hemos visto a toda la población y a una juventud dinámica en la interpretación del Pericón, que es nacionalista, y son precisamente éstos los símbolos que buscamos nosotros’” (El País, 14/9/1982).
Y a continuación, en el mismo artículo:
“la Dra. Raquel Lombardo de de Betolaza fue interrogada en torno a la labor que cumplen las autoridades de la enseñanza para evitar la penetración idiomática en regiones lindantes con Brasil.
Sobre este tema anunció ‘buenos resultados’ de la campaña. ‘Venimos cumpliendo varias realizaciones’ destacó (...). ‘Hay móviles con material didáctico diverso, maestros dedicados a esta actividad y conjuntos folklóricos de coros y bailes quienes así tratan de contrarrestar la invasión idiomática extranjera’” (El País, 14/9/1982).
De este modo, en una nueva manifestación del grado de exaltación del nacionalismo imperante, que adquiere en este caso un carácter fuertemente xenofóbico, la prensa de la época conecta al Pericón y los conjuntos folklóricos de coros y bailes con la lucha contra la invasión idiomática extranjera.
Este discurso xenófobo y nacionalista, que apunta a la unificación lingüística del territorio nacional, exacerba los objetivos de la tradicional política lingüística del Estado uruguayo, que tiene su punto de partida y referencia la Ley de Educación Común de 1877.
4. Alfabetización, moral y espiritualidad
La campaña de alfabetización masiva enfatizó también la estrecha relación existente entre el buen uso del idioma y las buenas costumbres del individuo. El discurso de la época identificó de un modo recurrente “alfabetización” y “superación personal”. En uno de sus editoriales, el Inspector Adolfo Rodríguez Mallarini señalaba:
“Paralelamente al cultivo del intelecto, debe proporcionarse un aleccionamiento espiritual condigno. Sin duda alguna, la suma de conocimientos, por más vasta que devenga, no logra el desiderátum de la superación personal” (El País, 15/8/1982).
En ese mismo artículo concluía que “el éxito total de la empresa alfabetizadora” se obtendría si se lograba “plasmar hombres letrados y dignos”. Se establece, de este modo, el imperativo ético de relacionar “alfabetización” con “aleccionamiento espiritual”, “superación personal” y “dignidad”.
La asociación entre usos lingüísticos y moral se realiza a partir de los elementos puristas que suelen formar parte del discurso legitimador de la lengua estándar. Esta vinculación con lo ético trae aparejado que se califique a aquéllos que hacen un “buen uso” de la lengua como poseedores de una suerte de superioridad moral respecto a quienes no cumplen con esta condición.
Las referencias a valores éticos, se acompañan con referencias a valores estéticos. Se esperaba, como resultado de esta campapña, “un acercamiento cordial a las diversas manifestaciones de la verdad y la belleza” (El País, 15/8/1982).
La lengua se representa como un “instrumento poderoso” en la medida en que aprender a leer y escribir permite el acceso a otras dimensiones de la vida. En este sentido, la afirmación de la Ministra de Educación es categórica: “leer y escribir: dos palabras que dan una nueva dimensión a la vida” (El País, 9/9/1982).
La Unión Patriótica Femenina manifestaba, por su parte, la necesidad de que acciones de este tipo pudieran continuarse para que “todos, paso a paso, y a medida que avanzaran en sus lecturas, mejoraran y ampliaran su horizonte espiritual” (El País, 15/8/1982).
En un editorial de El País se establece un nexo entre la cultura y el libro, “vehículo fundamental de difusión de la cultura” y se manifiesta preocupación por el descenso observado en la compra de libros y en el nivel de edición de obras de autores nacionales. A partir de esa situación, se propone “encarar firmemente una política que permita una mayor difusión del libro, para que quienes saben leer, ‘puedan’ leer” (El País, 15/7/1982).
En una dirección confluyente con estas declaraciones se orientan otras afirmaciones, también referidas a la Campaña de Alfabetización, en las que se postula una diferencia que podría llegar a ser muy radical, entre “pueblos alfabetizados” y “pueblos cultos”:
“Conviene no confundir alfabetización con cultura. Puede un pueblo muy alfabetizado ser también muy inculto” (El País, 15/7/1982).
Afirmaciones de esta índole sugieren una tendencia a subordinar el valor de la alfabetización a otros valores; la alfabetización tendría una significación verdaderamente relevante sólo si nos permite “elevarnos” hacia la “cultura”. No resulta nuevo, en el contexto cultural uruguayo, el carácter fuertemente idealista y en cierto modo elitista de declaraciones de este tipo, donde se exaltan los valores de aquéllos que, trascendido el mero nivel de alfabetización, logran ser “cultos” y ampliar su “horizonte espiritual”. En efecto, es posible rastrear este discurso con aquél consagrado en la sociedad uruguaya del siglo XIX y comienzos del siglo XX, y que se origina en la intelectualidad autóctona de ese período.
Todo ello nos lleva a reflexionar acerca de los factores que se tienen en cuenta para calificar a ciertos grupos o individuos como conservadores; si el grado en que éstos conservan los discursos fundacionales de la comunidad fuera un factor decisivo para realizar dicha caracterización, no cabe duda de que ese adjetivo describiría de modo adecuado a los autores de los textos que aquí analizamos.
Tampoco cabe duda de que la continuidad discursiva que se revela en estos textos facilita y fundamenta, desde la historia de la construcción narrativa de la nación, la exaltación patriótica que se busca inducir en la población.
No parece coincidencia que sea precisamente en este período de dictadura militar, cuando se realiza este esfuerzo por utilizar y exaltar los sentimientos patrióticos de los uruguayos, de modo de movilizar a la población en torno a una propuesta oficial. A través de una campaña que implique objetivos loables cuasi por definición, el gobierno de facto intenta construir una imagen política favorable que le otorgue algún tipo de legitimidad.
La mera existencia de una campaña idiomática nos recuerda que somos partícipes de una comunidad que comparte una lengua que debe ser preservada; que esta lengua es un patrimonio invalorable de nuestra nacionalidad; que existen instituciones que velan por su conservación y difusión; que estas instituciones (encarnadas en el gobierno de turno) se preocupan por las buenas costumbres, cumpliendo un rol eminentemente paternalista, al facilitar el acceso a ese valioso patrimonio que es la lengua en su versión más prestigiosa (en este caso, la escrita).
La afirmación de la autoridad es un objetivo primordial para un gobierno como el del período estudiado; la asunción de un rol paternalista en el uso del lenguaje, traduce, obviamente, la aspiración de un reconocimiento de un rol similar en otros comportamientos sociales y políticos.
La exaltación del nacionalismo es un instrumento poderoso para gobiernos que apuntan a la unificación de una comunidad en torno a acciones y comportamientos por ellos propuestos. Muchas campañas idiomáticas llevadas adelante por gobiernos de corte autoritario esperan obtener, de este modo, una legitimación de su autoridad, a través de la concreción de acciones que, por su naturaleza, sean culturalmente interpretables como positivas y dignas de apoyo.
Referencias bibliográficas
Barrios, G., A. Fernández y L. Pugliese (inédito) “La campaña de alfabetización de 1982”. En: G. Barrios (responsable). Informe del proyecto “Lengua estándar y prescripción idiomática en el Uruguay: un problema de actitudes, identidad y políticas lingüísticas”.
Fishman, J. (1989) Language and ethnicity in minority sociolinguistic perspective. Philadelphia, Multilingual Matters Ltd.
Garvin, P. y M. Mathiot (1974) “La urbanización del idioma guaraní. Problema de lengua y cultura”. En P. Garvin y Y. Lastra (eds.) Antología de estudios de etnolingüística y sociolingüística. México, UNAM. 303 313.